SOBRE LOS REYES MAGOS Y JESÚS Y QUE OCHO CUARTOS

Por Phillipe Lothas

La Noche de Reyes es la duodécima noche después de la Navidad, víspera de la festividad de la Epifanía, la que conmemora principalmente la revelación de Jesucristo a los gentiles como el Salvador, y la visita de los tres Reyes Magos (o Sabios, según la fuente) al niño Jesús en Belén. Los Tres Reyes Magos le llevaron de regalo al pibe (dos mil años después todavía se discute si era el hijo de Dios o Dios mismo, así que llamémosle “pibe”, que sobre eso no hay discrepancias), oro, incienso, y mirra. ¿Oro, incienso y mirra? Lo del oro está bien, aunque se ve que le regalaron muy poquito, pues José tuvo que seguir trabajando de carpintero toda su vida y el botija hubo de aprender el oficio no más pudo empuñar el  serrucho. Lo del incienso también está perfecto, pues en ese pesebre en el que estaba la Sagrada Familia debería de haber un olor a bosta que ni te digo, ya que era pleno invierno y había que dejar la puerta cerrada para no morirse de frío. Lo de la mirra, que es una mezcla de resina, goma y aceite mirrol que se usaba ya como ungüento, ya para embalsamar a los finados, ya no lo veo tan claro.

Melchor era un anciano bastante tacaño de blancos cabellos y larga barba, y fue el que le regaló el oro como señal de reconocimiento de la realeza metafórica de Jesusito. Gaspar era un joven lampiño y rubio, y fue el que le llevó el incienso, seguro que porque era flor de pituco y eligió ese regalo porque ya se imaginaba como podía llegar a heder un establo del siglo I. Baltasar era un negro de espesa barba que seguro que además era pantera negra, y entonces se afanó lo primero que encontró en algún templo de la competencia, y apareció con ese clavo de la mirra por no caer con las manos vacías (me imagino la cara que habrá puesto José cuando abrió el regalito del morocho…). En fin, tomando en cuenta lo escaso del oro que llevó Melchor, queda meridianamente claro que por muy Magos o Sabios que fueran estos reyes, llevaron unos regalos bastante pelotudos.

Pero la única fuente bíblica que menciona a unos magos es el Evangelio de Mateo, aunque para él, ni eran tres, ni eran reyes, sino unos magos medio astrónomos venidos de Persia, que encontraron al futuro Rey de los Judíos siguiendo a una estrella, aunque también se dice que no llegaron el 6 de enero del año 1 sino el 6 de enero del año 3, y que por eso Herodes, cuando se calentó, mandó matar a todos los niños menores de dos años. Pero además, todavía no hay acuerdo en si el Mateo que escribió ese Evangelio era el apóstol Mateo o era otro que lo hizo muchos años después, ni hay unanimidad en si se llamaba así o se llamaba Levi, como el inventor de los pantalones vaqueros, y hasta ni siquiera se está muy seguro de si existió realmente.

En lo que atañe a Jesús mismo, ha de hacerse notar que durante casi 30 años jugó callado, dedicándose principalmente a la carpintería, y dándole bastante poca bola a eso de que era el hijo de Dios. Eso sí, cuando se destapó ¡agarráte Catalina!, se puso más fundamentalista que los talibanes y en dos o tres años armó tanto relajo que los romanos le hicieron la cruz. Primero se la hicieron, y después lo clavaron a ella de pies y manos, por cabezón, hasta que crepó. Al tercer día resucitó, pero se ve que había aprendido la lección, porque se tomó los vientos y nunca más se supo de él. Fuere como fuere, su pueblo mismo no le creyó nada, y ahi los tenemos, dos mil años después, esperando sentados al verdadero Mesías. Por esas ironías de la historia, los que trescientos años después levantaron su bandera y la hicieron flamear a sangre y fuego por todo el mundo, hasta llegar a Cotugno, no fueron otros que sus asesinos. ¡Qué cosa! ¿No? ¿Quién iba a decir?

Phillipe Lothas Diciembre 28th, 2008 at 06:02pm  



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