Geografía Etimológica

¡QUE COSA CON LOS NOMBRES DE LOS PAÍSES!

Por Andrés Capelán 

Uno nunca se pone a pensar demasiado en el significado de los nombres de los países. Yo, acá como me vé, por ejemplo, recién hoy me vengo a dar cuenta de que el largo lagarto verde que navega en su mapa, se llama… “¡Barril!” (que según la Real Academia, una Cuba es un “recipiente de madera, que sirve para contener agua, vino, aceite u otros líquidos”).  

Los nombres de los países pueden decirnos muchas cosas sobre sus habitantes, sobre su pasado, sobre su futuro… Pakistán,  por ejemplo, parece un interrogante sobre la posición que sus gentes deberían asumir frente al mundo y frente a la vida. Irán, en cambio, es un nombre que anuncia la férrea voluntad de sus ciudadanos por seguir adelante a pesar de todos los pesares. Sudán, obviamente refiere a los efectos que provocan en sus habitantes las tórridas temperaturas que allí se sufren.  

Por otro lado, hay países que tienen nombre de animales, uno está en África y se llama Camerún, que no quiere decir otra cosa que camarón. El otro está en el Mar de las Antillas, que también Caribe llaman, y se trata de Anguila. La isla que está al lado de Anguila me provoca una situación de desconcierto, porque se llama Sombrero, y si hay una cosa que no me puedo llegar a imaginar es a una anguila con sombrero.  

De todas maneras, la que me perturba más es una isla que está pegadito a otra que supongo que será muy vieja, porque se llama Antigüa. Se trata de la isla Barbuda. ¡Las noches de insomnio que me provocó la imagen ésa de una isla cubierta de pelos enrulados cayendo desde los acantilados hacia el mar! Nada que ver con Barbados, que mas bien refiere a las características capilares de sus habitantes, ni con Bermudas, que obviamente describe su forma de vestir. Pero (¡caramba!) acabo de darme cuenta que lo de Antigua y Barbuda no es otra cosa que una versión delicada de nuestro ancestral grito de aliento futbolístico, aquél de “¡Bamo arriba la celeste, vieja y peluda nomá!”.  

En fin, hay países con poca autoestima, como Guatemala, cuya denominación ya no deja lugar a ninguna esperanza. Otros se tiran a menos usando diminutivos, como Martinica (pequeña Martina) y Venezuela (pequeña Venecia), o proclamando al mundo lisa y llanamente su casi inexistencia, como es el caso de Micronesia.  

Al mismo tiempo, mientras Nueva Zelandia usa seudónimo y en la Guía del Mundo se hace llamar Aotearoa, otros países sí usan sus apellidos, como son los casos de Sri Lanka, Guinea Bissau, Bosnia Herzegovina, Burkina Faso, e –irrefutablemente– Diego García (también los hay que lo han perdido para siempre, como le sucedió a Mauricio, que –tal vez por pudor, tal vez por antinmonárquico– nunca usa su “de Orange”). 

Hay países que tienen varios nombres a la vez, como la patria de los sweaters livianitos, que tanto se llama Myanmar, como Birmania, como Burma. Hay países con nombre de imprecación (Bután), de negación (Nepal), de confianza en el triunfo (Ghana), y hasta de autoconmiseración, como Bolivia (nombre que hace clara referencia al desamparo y la pobreza de sus habitantes). Y hasta hay países con nombre de empresa, cual es el caso de los Emiratos Árabes Unidos 

Hay países con nombres perturbadores, como sucede con Madagascar, hay países que parecen tomarse muy poco en serio, como Tonga, y también los hay que me hacen acordar a épocas oscuras de nuestra historia, como es el caso de Cabo Verde. En fin, hay de todo, hasta hay países que no tienen nombre, como es el caso de la República Oriental del Uruguay, que no es otra cosa que una mera referencia geográfica… ¡Qué cosa! ¿No?

Propiamente Dicho Abril 10th, 2008 at 12:27am  



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